También llamada la “pandemia silenciosa”, la depresión, se convirtió en una de las consecuencias más devastadoras de la pandemia del COVID-19. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), se ha detectado una alta tasa de depresión, ansiedad y otros síntomas psicológicos, y existen datos que sugieren que un tercio de las personas que sufrieron COVID-19 se les ha diagnosticado un trastorno neurológico o mental.

Ante esta situación, la startup healthtech mexicana Actipulse Neuroscience busca paliar la situación con su terapia de estimulación cerebral no invasiva para el tratamiento de diversos trastornos psiquiátricos y neurológicos. 

“Por ejemplo, la primera línea de tratamiento para un paciente con depresión es la farmacología, pero a cuatro pacientes de 10 no responden por diversas razones”, explica Adrien Châtillon, CEO y fundador de la startup. “Entonces, ahí el psiquiatra propone el tratamiento de neuromodulación, que se hace en un ambiente clínico y se estimula el cerebro del paciente de manera no invasiva a través de pulsos magnéticos”, añade.

A través de este tratamiento, el paciente puede llegar a remisión, pero el obstáculo es que actualmente se requiere 30 sesiones de 45 minutos para completar la terapia y, además, en Estados Unidos el tratamiento cuesta US$ 15.000, lo cual se vuelve inaccesible para una gran parte de la población.

De esta manera, la compañía ha desarrollado soluciones para llevar el dispositivo –que actualmente está disponible solamente en grandes hospitales– a pequeñas clínicas cerca de los pacientes y ofrecer el tratamiento por US$ 1.500 a US$ 2.000.

La healthtech también está investigando para poder llevar la solución a las casas de los pacientes para mejorar la accesibilidad. Y, justamente por este proyecto fue recientemente seleccionado por la aceleradora de startups estadounidense Y Combinator.

El acceso a este tipo de tratamiento se vuelve aún más difícil en países latinoamericanos ya que, según Châtillon, existe un gran estigma sobre las enfermedades mentales que considera a una enfermedad como la depresión solo como “estar triste”. Este fenómeno es amplificado en poblaciones en condiciones socioeconómicas más vulnerables, que son justamente aquellos segmentos con mayor riesgo de tener algún trastorno mental.

De hecho, el fundador dice ver esta situación reflejada en su propia compañía, ya que la mayoría de los psiquiatras que usan los dispositivos de Actipulse Neuroscience operan en zonas socioeconómicas altas, ya que allí residen las personas que tienen conocimiento sobre las enfermedades y con capital para obtener salud mental.

“Los privados y las autoridades públicas tenemos un gran trabajo de desestigmatizar las enfermedades mentales y estudiar cómo llegar a las personas que tienen el derecho a la salud mental. También debemos invertir más en hospitales psiquiátricos, psiquiatras y educación, que es un gran problema para los países de bajos recursos”, dice Châtillon.

Una empresa de un mil millón de pacientes

Precisamente el objetivo de crear una terapia más accesible fue lo que impulsó al francés a crear la compañía en México. Según Adrien Châtillon, las investigaciones clínicas son sumamente caras y realizarlas en Estados Unidos o Europa no solamente generan enormes gastos de capital, sino también de tiempo al tener que buscar constantemente rondas de inversión para costearlas.

Por otro lado, América Latina cuenta con investigadores y hospitales de alta calidad, además de muchos pacientes, lo que permite a la compañía realizar estudios clínicos de manera más costo efectiva.

Estar en México también permitió al emprendedor sacar un producto rápidamente al mercado con un capital inicial autofinanciado, un componente esencial para Châtillon para cumplir con el objetivo de accesibilidad de su producto.

“Cuando debes gastar mucho dinero, como lo hacen muchas empresas de tecnología médica, se crean tres problemas. En primer lugar, pierdes participación en tu empresa y para cuando llega el tiempo de venderla, te queda muy poco. Luego, el control de la compañía pasa a los fondos que quieren rentabilizar su inversión y, finalmente, el producto final va a ser muy caro”, dice Châtillon, quien ante la pregunta de los inversionistas de cómo se van a convertir en un “one billion dollar company”, responde que busca ser “one billion patient company”.

Actualmente, la compañía ya ha facturado US$ 2,5 millones y su tecnología está siendo utilizada por 210 clínicas de salud mental, que llegan a cerca de 10.000 pacientes, principalmente en México y Chile.

Ante la pregunta de los inversionistas de cómo se van a convertir en un “one billion dollar company”, Châtillon responde que busca ser “one billion patient company”.

Según el emprendedor, la inversión inicial de Y Combinator de US$ 500.000 y el fondo levantado durante el demo day al final del programa serán utilizados para realizar el último estudio con la agencia estadounidense Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA) para completar el desarrollo del dispositivo de tratamiento de neuromodulación en los hogares de los pacientes.

Objetivos

“América Latina es una región que consume salud, pero no la crea. Consume y maquila tratamiento, pero no es una región que innova”, dice Adrien Châtillon, quien afirma que la región no aprovecha el talento y oportunidades para ser un polo de desarrollo en healthtech.

Por un lado, dice que América Latina cuenta con muchos científicos con doctorados en neurociencia, pero la gran mayoría termina yendo al extranjero porque existen muy pocos laboratorios de investigación y las farmacéuticas se dedican a la creación de fármacos sin patentes, sin invertir en investigación.

Desde el punto de la inversión, no existe capital de riesgo para healthtech, una de las razones por la que postularon a Y Combinator, en Estados Unidos. “El sector de tecnología de salud en América Latina es muy reducido porque no hay planes de gobiernos y los fondos de inversión son muy chicos, y la salud es una apuesta a largo plazo con un riesgo muy alto, por lo que no hay dinero”, dice Châtillon.

Pero el emprendedor mira con ojos positivos el futuro del desarrollo de la industria healthtech en la región por la maduración de las startups de otras verticales, tales como fintech y delivery, lo que ha generado mayor interés en invertir en capital de riesgo y ha abierto el camino para otras startups de esta naturaleza.

Châtillon dice que quiere ser un caso de éxito en la industria healthtech latinoamericana, ser el ejemplo, para los inversionistas, como también promocionar más a la región como un polo de empresas de salud y tecnología.

Para ello, está lanzando un nuevo laboratorio tecnológico a nivel regional con sede en México, asociado a varias universidades y centros de investigación, con el objetivo de seguir investigando sobre tratamientos no invasivos de patologías neurológicas.

“Hemos comprobado clínicamente que patologías como el Parkinson y Alzheimer comparten mecanismos de acción (que son lo que generan la enfermedad) y que, con una buena frecuencia, intensidad y aplicación, podemos tratar estos mecanismos. Ahora queremos verificar si podemos tratar la patología y frenar el avance de la enfermedad”, explica Châtillon.